Diario de un indeciso... o no

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viernes, octubre 07, 2005

It's now or never, cause I ain't gonna live forever

¿Cuánto tiempo más estarás aquí, paseando por la vida? Todos tenemos fecha de caducidad, es cierto, pero la vemos tan lejana que nos olvidamos de que un día moriremos. A veces no sólo olvidamos por inobservancia, sino que hacemos un esfuerzo por olvidar. La muerte es un tabú mayor que el sexo. Prueba a sacar el tema en una conversación cualquiera y verás cómo se incomodan las miradas, enmudecen las lenguas y alguien llega incluso a pedir que se hable de otro asunto. ¿Es que acaso alguien cree que es inmortal?, ¿es sensato no hacerse las preguntas que verdaderamente importan?, ¿vale la pena posponer la vida y la risa para más tarde por los planes de futuro y las ambiciones personales?

Hacemos de nosotros mismos un proyecto a largo plazo y en ese afán olvidamos que ya somos nosotros mismos. Con cuánta frecuencia postergamos nuestra vida para un futuro en que estemos en condiciones de vivirla plenamente. Pasamos los años más valiosos estudiando porque eso nos permitirá acceder a un buen puesto de trabajo, luego pasamos lo que nos queda de juventud trabajando porque eso nos permitirá ser independientes y conquistar, por fin, nuestra ansiada libertad. Cuando queremos darnos cuenta comprobamos que hemos pasado prácticamente toda nuestra vida de espaldas a la propia vida; que cuando creíamos ser independientes dependíamos de un salario y un trabajo que nos ocupaba 5 ó 6 de cada 7 días, y el séptimo sólo queríamos descansar para recuperar fuerzas; que pensábamos ser libres cuando nos convertimos en un engranaje más de la maquinaria.

¿Qué sentido tiene la vida?

No es una más de esas incertidumbres pasajeras, estoy en crisis. Crisis significa cambio. En los últimos dos años han cambiado muchas cosas en mi vida y no paro de replantearme otras muchas que antes ni siquiera tenía en consideración. Cuando miro atrás veo cuántas cosas hice mal. Siento una profunda tristeza por todo lo que desaproveché, por los regalos que me hacía la vida y que insolentemente yo despreciaba, por haber vivido de espaldas al mundo y en consecuencia de espaldas a mí mismo.

A veces les propongo un juego a algunas personas. Deben mencionar alguna actividad que hagan esporádica o habitualmente. Les pregunto por sus motivaciones con preguntas rápidas (¿por qué estudias todas las tardes?, ¿para qué vas a la playa?), que igualmente deben contestar raudamente con la primera idea que les venga a la cabeza. Según cada cual hay veces en que algunos acaban irremisiblemente en algún círculo vicioso o acaban llegando a una última respuesta. Es curioso cuánto se asombran cuando les enseño un papelito en el que había anotado previamente esa respuesta: "para ser feliz", "porque me gusta".

Me estoy muriendo. Pero no te alarmes: tú también. ¿No te habías dado cuenta? Es la paradoja de la vida. Desde el momento en que nacemos, incluso antes, comenzamos a morir. Los niños no vienen con un pan bajo el brazo, traen un acta de defunción. Es una de las pocas certidumbres que podemos tener los seres humanos y sin embargo preferimos fundar nuestras vidas en castillos de naipes. El nacimiento y la muerte son la cara y el envés de una misma moneda. Podemos olvidarlo. Podemos simular que somos eternos. En el mejor de los casos, pensar que llegaremos a los ochenta años y hacer planes a muy largo plazo. Quién sabe... puede que quizás sí vivas tanto. O quizás no.

Nadie nos devolverá nuestro pasado. Nadie nos entregará nuestro futuro. El presente es nuestro verdadero patrimonio. Por eso deberíamos vivir un poco más como si mañana fuera el último día. Descálzate sobre la orilla y túmbate en la arena con esa persona, bésala, siéntete afortunado y sé feliz.

And it's now or never.
I ain't gonna live forever.
I just wanna live while I'm alive.


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