Había una vez un monje que siempre llevaba un espejito pequeño allá donde fuese. Llegó un día en que otro sacerdote se dio cuenta y pensó para sí: «este monje debe de estar tan preocupado por su aspecto que siempre tiene que llevar un espejo consigo. No debería preocuparse por su apariencia externa, lo que en realidad importa es el interior». El sacerdote se acercó al monje y le preguntó: «¿por qué llevas siempre ese espejo contigo?», dando por hecho que así su falta quedaba en evidencia.
El monje sacó el espejo de su talega y apuntando con él hacia el sacerdote, le respondió: «Lo utilizo en los momentos difíciles. Siempre que lo miro, el espejo me muestra cuál es el origen de mis problemas así como la solución a ellos».
Etiquetas: kensho
1 Comentarios:
Buena forma de reflotar el blog. Bonito relato.
Un saludete brother!
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